Liderazgo y motivación

El Factor Suerte

Ahora que Internet pulverizó las fronteras, en Occidente vamos incorporando conceptos propios de Oriente, como ejemplo el “karma”. Se utiliza este término para cualquier cosa, especialmente para justificar las cosas negativas que nos suceden.

En el universo de los negocios, hay emprendedores que parecen convertir en oro lo que tocan y otros que parecen hacer bien los deberes pero el resultado final es, generalmente, una desilusión. Muchos podrían pensar que unos y otros están signados por su karma pero en realidad, la buena suerte no es únicamente una cuestión de azar sino también de factores ligados a nuestra actitud.

El académico inglés Richard Wiseman es un investigador de la conducta humana que ha dedicado diez años a investigar el factor suerte.

"Nadie nace con suerte" fue la culminación de su investigación y en esta obra explica por qué las cosas buenas siempre les pasan a las mismas personas. Lo más importante es tener una cosa clara: el 90% de nuestra existencia se define por nuestra forma de pensar y el 10% restante es aleatorio.

Ni un trébol de cuatro hojas, ni cruzar los dedos, ni un gato chino de la suerte, ni evitar pasar por debajo de escaleras, ni los gatos negros, ni cualquier otra superstición que se te ocurra servirá para llamar a la buena suerte y evitar la mala.

Según Wiseman cometemos dos errores recurrentes al valorar nuestra suerte. Por un lado, solemos pensar que somos responsables de nuestra mala suerte y, por otro, que esta solo favorece a las personas que están en el lugar idóneo en el momento adecuado.

En sus clases, al igual que en su libro "Nadie nace con suerte", enumera cuatro principios que influyen en la fortuna que pueda desarrollar un individuo.

1)  Las personas afortunadas son expertas en crear oportunidades. Esto lo logran adoptando una actitud relajada a la vida y abriéndose a nuevas experiencias.

2)  Las personas que consideran que tienen suerte acostumbran a hacer caso a sus corazonadas. Los desafortunados ignoran su propia intuición y luego se arrepienten de la decisión tomada.

3) El tercer factor es la perseverancia y el optimismo ante los fracasos. Los afortunados suelen pensar que algo bueno va a suceder luego.

4) Los individuos que poseen “buena suerte” tienen, en realidad, la habilidad de convertir lo malo en algo bueno. Los psicólogos llaman a esta capacidad “mentalidad de inversión”: consiste en pensar que los sucesos podrían haber sido mucho peores y sentirse contentos por cómo en realidad son.

Wiseman sintetiza: “Percibir que la suerte depende de nuestra razón junto con una dosis de ciencia y sano escepticismo puede ser muy positivo en nuestras vidas”.


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